En la obra de Andrés Ramiréz Gaviria dialogan con destacable agudeza comprensiones de lo real provenientes de campos diversos, entre los que se encuentran la historia del arte, la tecnología, la mística, la matemática, la física, la programación, la arqueología, la astronomía y los oficios y las técnicas. De allí, que la traducción ocupe un lugar relevante en las reflexiones del artista y también, el hecho de que en su obra los medios expresivos varíen radicalmente de una propuesta a otra.
Mensajes de una ambición frustrada constituye un diciente ejemplo acerca de la multiplicidad de perspectivas que conjuga Ramírez Gaviria en cada proyecto. Esta obra reivindica el lugar que ocupa Samuel Morse en la historia de la pintura, mientras le abre espacio a la principal proposición científica del inventor entre las obras pioneras de la creación abstracta.
Pocos recuerdan hoy que Morse fue un reconocido retratista, a quien consagró la inclusión de una de sus obras más destacadas en la colección del Museo del Louvre en París. No obstante, el deseo inalcanzado de Morse de llegar a ser, más que retratista, pintor de grandes escenas históricas, lo llevó a abandonar la pintura y a enfocarse en la ciencia y en la ruta inventiva.
Ramírez Gaviria detecta el momento exacto en el que el creador cambió de lenguaje, al destacar que Morse adoptó como estructura para uno de sus primeros prototipos telegráficos un bastidor preparado para soportar alguna pintura que proyectaba realizar. Junto al prototipo, el artista instala pinturas en las que traduce al lenguaje creado por Morse, las cartas en las que el inventor comunicó a sus amigos cercanos la frustración y el dolor que le produjo su decisión de apartarse del camino artístico. Con estos recursos, en esta obra, Ramírez Gaviria contribuye a expandir los territorios de la reflexión abstracta y al mismo tiempo, revela puentes que conectan lo racional con lo poético, lo formal con lo indecible y lo mental con lo místico.
Curaduría: Maria Iovino
