Caminamos entre decenas de convenciones que nublan nuestra mirada. A pesar de
las diferencias superficiales entre calles y fachadas, vitrinas y comercios, algunas
pautas urbanísticas y arquitectónicas cumplen su función de aplanar el mundo.
Nuestro propio cuerpo y su gestualidad se apagan en medio del barullo visual,
auditivo y comportamental de la ciudad.
Sin embargo hoy, mientras caminaba por la calle 73, vi una piedra gigante
apoyada sobre una fachada. No era un meteoro incrustado en el edificio, sino
una roca gigante, sostenida grácilmente por una viga de madera. Parece que
podría rodarse en cualquier momento. Artilugio, era un hecho plástico, que rasgó
contundentemente la superficie homogénea de la rutina urbana.
Otoniel Borda cimenta su trabajo en la noción de monumento de ficción, a través
de la cual transforma no sólo los medios plásticos de los que dispone, sino los
contextos arquitectónicos y urbanísticos sobre los que se instalan.
Curaduría: Sylvia Suárez
