Los ocho artistas que se reúnen en esta exposición compartieron el espacio de taller en un edificio de la calle veintidós con quinta al que le daban el mote de Faenza, por su vecindad con el emblemático teatro bogotano. Esto significó asumir no sólo los inexplicables desafíos de la convivencia, sino la formación de un tejido existencial único, el acceso a ciertas tramas urbanas de Bogotá, un campo de visibilidad de los procesos de creación de cada cual, temporalidades y espacialidades imbricadas. Proyecto Faenza es la estrategia de creación en diálogo que resultó de aquellos años de co-existencia. Se trata de una alianza flexible que, sin implicar la construcción de una autoría colectiva, permite poner en juego sus diversas poéticas y prácticas artísticas.
Cuando LGM estaba en obra gris, hace una década, este grupo realizó una exhibición con intervenciones in situ en esta galería. Esta exposición surgió a la luz de aquella, como una especie de reanudación de las trayectorias que convergen en Proyecto Faenza, (r)evolucionadas por diversos procesos migratorios que han marcado cambios en las poéticas de sus autores; en esta ocasión, convoca a Nardy Getiva, Vicenta Gómez, Fernando Cuevas Ulitzsch, Freddy Forero, Jorge Magyaroff, Mauricio Combariza, Otoniel Borda y Paul W. León.
En las obras inéditas que estos 8 artistas de Proyecto Faenza han desarrollado para esta muestra, algunos nudos enlazan de forma irregular el tejido expositivo: la ciudad cambiante, la crisis de las superficies visuales urbanas que otrora crearon la noción de hogar, la migración y la mutación del ser que sobreviene con ellas, la pérdida de esa huella de huellas que experimentamos como identidad.
De ahí que en esta muestra encontremos una suerte de recolección imperfecta y polimorfa de relicarios, creados a partir de los fragmentos extraviados de una cotidianidad rota:
La rositas o cecilias de un jardín perdido,
la faz titilante de una fachada ahora inexistente,
la presencia ominosa de un sólido levitando,
las hojas de un chachafruto inmortalizadas en concreto,
el rincón del baño de una casa demolida,
los segmentos de una cabeza hecha y deshecha, reducida a silueta y volumen sin materia ni memoria,
la impronta de un textil usado y su correspondencia inexpugnable con el cuerpo que protegió,
las coordenadas confusas del estado de sitio que amenaza con su regreso.
Relicarios vacíos entonces, que, sin resolución posible, apuntan a la faz resquebrajada de una ciudad evanescente, para sostener un vínculo con la singularidad de nuestra historia, de nuestra vida, la de nuestras redes de parentesco y de su permanencia, constantemente depredadas por las fuerzas en apariencia irrefrenables del desarrollo, del poder, del tiempo transaccional.
Nos encontramos aquí, ante Relicarios de una ciudad evanescente que podrían ser sustancia de un cordón umbilical, ombligado en un lugar inaccesible.
Curaduría: Sylvia Suárez
