¿Qué esperamos de quienes amamos de forma romántica? ¿Qué es el amor? ¿Qué es el desamor?

No podemos contestar estas preguntas porque hay tantas respuestas como historias. Las historias de amor y desamor se configuran a través del deseo, la curiosidad, la complicidad, las afinidades y, no en pocas ocasiones, las desavenencias. Las historias de amor y desamor son escritas por dos personas adultas que deciden involucrarse; algunas veces estas historias terminan bien, otras no tanto. Pero, sin duda, la manera en que cada cual tramita su tristeza y separación no siempre es a través del dibujo. Con el corazón en los ojos es una catarsis en la que La Reina, a través de nueve años, encuentra en el dibujo una forma de sanación, y en ese arco temporal, se reencuentra a sí misma.

 

¿Por qué estas imágenes?

Imágenes extraídas de revistas de moda, imágenes producidas para ser vistas con explicita intención de atención. Son imágenes donde la mirada no es espontanea, es una operación construida a través de la pose, el encuadre, la iluminación, etc. Este tipo de imágenes han funcionado como soporte simbólico de formas de proyectar la feminidad, a través de arquetipos: la mujer misteriosa, melancólica, sensual, independiente, triunfadora. Sin embargo, hay algo paradójico en estas imágenes, aunque ficcionales representan los anhelos y realidades de mujeres reales.

 

¿Qué nos sugieren estás mujeres? ¿Qué no ocultan?

En los dibujos reconocemos actrices y modelos famosas, que nos devuelven una mirada intensa, esquiva, ambigua, nostálgica, una mirada que no mira hacia nosotrxs sino hacia la artista.

 

¿Qué ve ella en estás miradas?

Este es un proyecto íntimo, en el que se expone su lectura retrospectiva de una relación que marcó un momento de su vida, donde los múltiples sentimientos, emociones y situaciones que a travesaron el tiempo compartido con esa persona y su posterior ruptura, son tramitados “sombra a sombra, trazo a trazo, luz a luz, y mirada a mirada”. Por fortuna, después del desamor, llega: Cuba, un nuevo amor, los viajes, la naturaleza, lxs amigxs, y el arte. La Reina, nos recuerdan que la vida siempre nos permite seguir hacia adelante y, en su caso, también volver hacer dibujos felices.

 

En estas miradas y en el tiempo que toma cada trazo, se produjo un proceso de reconocimiento. El dibujo, como una meditación, le permitió entrar en su dolor “observarlo, reconocerlo, medirlo”, exorcizarlo y así, aprender amarse no a través de los ojos de otrxs, sino a través de los suyos, para finalmente, ser capaz de verse ella misma.

 

Curaduría: Paola Peña